Sobre los usos y costumbres en comunidades en Xochimilco y Milpa Alta. “Uno de múltiples retos, no solamente en la parte de salud, enfermedad en seres humanos, sino la realidad social de vivir con una epidemia requiere una apreciación de distintos elementos que llevan a las personas a comportarse de una manera u otra. Entre ello está las dimensiones espirituales, no solamente representadas como una religión, en México con la pluralidad que hay tenemos todavía muchas tradiciones que efectivamente consideran como algo inconveniente, llámese pecado o cualquier otra denominación, el incinerar los cuerpos sin vida de las personas que fallecen, En cambio se opta por inhumarlos, enterrarlos.

No es propósito de un gobierno, en este caso del Gobierno de México, oponerse a esas tradiciones o juzgarlo, vilipendiarlo y rechazarlo. Es respetar a cada quien, acada comunidad a cada cultura en su contexto. A veces sí hay cierta contradicción. Sí conocemos con base en nuestros parámetros que la transmisión del virus puede ser razonablemente eficiente a partir del cuerpo sin vida de una persona que fue contagiada. Las secreciones, los líquidos, pueden estar todavía cargados altamente de virus. En la medida que los familiares se acerquen al cuerpo pueden contaminar sus manos y sus rostros y que entre el virus.

No hay solución fácil. Corresponderá al gobierno de la alcaldía, al gobierno de la Ciudad, tener este diálogo transcultural”.

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